Decepción… el peor de los sentimientos.

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Todos hemos confiado alguna vez en alguien que ha terminado haciéndonos daño. Tras este episodio, seguramente hemos dicho que nunca más “volveríamos a caer” en el mismo juego y nos inundaremos de desconfianza.

Sea cual sea el caso, lo normal es que la decepción profunda nos deje también una herida profunda que va a tardar en cicatrizar. Un daño que a menudo tiene que ver con la confianza, una de las cosas más difíciles de restaurar.

Protegernos del dolor por la decepción

Después de una desilusión solemos cerrar las puertas a nuevas experiencias por miedo a volver a sufrir, a sentir ese profundo dolor por la decepción. Es por ello que muchas personas prefieren o eligen no encariñarse con alguien pensando que así minimizarán el riesgo de ser lastimados de nuevo.

Puede ocurrir cuando hemos dado lo mejor de nosotros mismos a nuestra pareja y nos ha engañado con otra persona, cuando somos completamente honestos con un amigo y nos clava un puñal por la espalda o cuando sufrimos el abandono de nuestros padres, familiares o amigos. Desgraciadamente, aunque no sea ninguna de estas tres situaciones, seguro que has experimentado esa sensación.

En el momento en el que nos relacionamos con alguien, las expectativas se van formando y aumentando. Éstas hacen que comencemos a hacer predicciones sobre el comportamiento, los pensamientos y los sentimientos de esa persona en el futuro.

De todo lo que esperamos, una parte se puede basar en lo que ya conocemos porque lo hemos compartido, otra se puede basar en lo que nos han dicho sobre la otra persona y otra parte se puede basar, simplemente en nuestra idealización o nuestros deseos. El hecho de que mezclemos nuestros deseos con la realidad.

Cuando las expectativas son muy altas o cuando la persona no cumple con sus “obligaciones implícitas”, entonces, nos sentimos desilusionados, frustrados, tristes y hasta enfadados, fruto del profundo dolor por la decepción. Sin embargo, hay que tratar de que esas expectativas no nos lastimen o bien adaptarnos a lo que la realidad nos está ofreciendo, a esa persona.

Ahora bien, no siempre la decepción se debe a nuestra idea de pareja, amigo o colega “perfecto”, sino que la decepción también ocurre cuando la otra persona se porta muy mal con nosotros y hace cosas que nos hacen sufrir. En ese momento aparecen otros sentimientos como el rencor y la rabia, además de los ya indicados (frustración, tristeza, desilusión y enfado).

¿Y qué ocurre después? Esto quiere decir que cuando aparece una nueva persona en nuestra vida, tenemos miedo a sufrir y no nos abrimos lo suficiente como para dejarla ingresar, con la intención de protegernos del dolor por la decepción futura.

Se han puesto una armadura como la que usaban los caballeros en la Edad Media. Todo depende de cuánto se haya sufrido y cuánto esté costando superar esa situación y todo lo vivido.

Los peligros de ese efecto

Nos sentimos a salvo dentro de esa vestimenta, como si nada malo nos pueda suceder. Sin embargo, nos estaremos perdiendo también la posibilidad de experimentar otros sentimientosSi nos ponemos un impermeable y no llueve, no podremos disfrutar de los rayos del sol en nuestra piel, por ejemplo.

Al protegernos demasiado con esa chaqueta impermeable no podremos crecer como personas. Es verdad que ante un engaño o decepción al principio no tenemos ganas de conocer gente nueva o salir a la calle, pero paulatinamente es preciso ir superando esa etapa.

No estaremos logrando nada positivo si nos encerramos en nosotros mismos y no permitimos a nadie queOtra de las consecuencias de cerrar con cinco llaves y candados las puertas y las ventanas de nuestra casa (corazón) es que las personas que nos rodean se empezarán a alejar de nosotros. Pensaremos que nos han abandonado o que todos son malos, sin embargo, será nuestra propia barrera la que retire a varios kilómetros de distancia a los seres que realmente nos importan y que se preocupan por nosotros.

Nadie dice que sea sencillo sobreponerse a una decepción, especialmente cuando es amorosa, pero es preciso empezar a quitarse el chubasquero cuando no hay tormenta en el cielo, para poder así disfrutar de la brisa y del sol del mediodía.

¡Anímate a cantar bajo la lluvia y a saltar en los charcos!

 “entre en nuestro refugio”

Dicen que quien mucho espera, se decepciona y que quien nada espera, se sorprende. Es por esto que me parece mucho más atractivo vivir asombrada. Sin embargo, es verdaderamente difícil no esperar nada de nadie…

Si quieres sentirte defraudado, entonces pon toda tu ilusión en que suceda algo o en que alguien haga algo. Tus expectativas tienen mayor poder para hacerte daño cuanta más esperanza pones en ellas. Así de simple.

Lo cierto es que la vida es un misterio que merece ser vivido. En este sentido, lo recomendable es no estar pendientes de manera constante de lo que va a suceder o de cómo se van a comportar los demás con nosotros.

Estamos cansados de que nuestros planes al final nunca salgan bien, o de que sentir que nuestros amigos, nuestros compañeros, nuestra pareja o nuestra familia nos han fallado. Pero es muy complicado dejar de esperar que tu pareja esté en cada momento a tu lado o que tus amigos estén siempre disponibles es harto difícil para la gran mayoría. 

Si nos paramos a pensar sobre esto, nos daremos cuenta de que no es algo que solo nos afecte a nosotros porque nos sentimos defraudados, sino que estamos coaccionando a los demás y privándolos de su libertad de acción.

Esto se acaba convirtiendo en la pescadilla que se muerde la cola; es decir, que entramos en modo bucle, no avanzamos y enquistamos más el problema.

Para darnos cuenta de esto deberíamos de pensar lo que nos sucede a la inversa, o sea, cuando alguien espera algo de nosotros y así nos lo muestra. ¿Verdad que cuando esto ocurre te sientes con cierta “obligación moral”?

Como consecuencia de ello acabamos quemándonos y, en no pocas ocasiones, actuando en modo rebote. Es decir, que cuanto más esperen de nosotros y más hagamos por cumplir esas expectativas, más probabilidad habrá de que nos rebelemos y actuemos como nos plazca.

A veces llegamos incluso a actuar en contra de nuestra voluntad solamente por reafirmarnos. Esto ocurre con mucha frecuencia en las relaciones de pareja y es que, cuanto más se solicita, más probabilidades de saturación tenemos.

Cuando dejemos de ponernos este tipo de trabas notaremos que todo se vuelve mucho más simple, que podemos decirle adiós a las necesidades y que hemos descargado piedras de nuestra mochila.

El objetivo último es enmarcar nuestras expectativas en nosotros mismos y no en los otros, pues además de que muchas veces somos injustos nos conduce a la decepción.  Este desencanto o desilusión suele producir cierta desconfianza y, por lo tanto, estados emocionales indeseables y actitudes poco saludables.

Estamos tan enfermos de certeza que no conseguimos tolerar la incertidumbre en nuestras relaciones. Por esta razón, la única medicina que puede evitar que nos sintamos abandonados o defraudados es trabajar nuestros miedos y nuestros aspectos emocionales más íntimos de tal manera que no dependamos de los demás para ser felices.

Es decir, es muy angustiante pensar que la persona que amas puede dejar de hacerlo, pero cuida que ese miedo no vaya unido a inseguridades e idealizaciones.

Que alguien no esté pendiente de ti a cada segundo o que no tenga el detalle que tu hubieses tenido no quiere decir que no te quiera. Simplemente significa que sois personas diferentes.

Ahora bien, si alguien no te atiende nunca no se trata ya de una cuestión de 

expectativas, sino de falta de respeto y de interés. Aunque por suerte o por desgracia esto solo se aprende a base de golpes, o sea, con la experiencia.

Volviendo al tema principal, si no quieres decepcionarte, no te esclavices esperando a que los demás actúen como tú consideras adecuado o esperas. No estés continuamente pendiente de que los demás muevan la ficha, pues hay partidas en las que tenemos que jugar solos.

¿Cómo aliviar el dolor por la decepción?

 

 

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